Tecnología

AuREUS: los paneles solares hechos con residuos agrícolas que no necesitan sol para producir energía

Están elaborados a partir de residuos agrícolas y convierten la luz ultravioleta en electricidad limpia. Son dos de las principales características de AuREUS System Technology, el nombre que ha recibido la creación de unos paneles solares que no necesitan sol para crear energía renovable.

Su ideólogo es Carvey Ehren Maigue, que, a sus 27 años, ha sido el primer ganador del Premio a la Sostenibilidad de The James Dyson Award 2020. El muy interesante proyecto de Ehren se define en la web de The James Dyson Award como “una evolución para paredes y ventanas que utiliza energía sintetizada a partir de desechos de cultivos reciclados para absorber luz ultravioleta parásita de la luz solar y convertirla en electricidad renovable limpia”.

Los edificios, explican en la web antedicha, están provocando una exposición excesiva a los rayos ultravioletas en las zonas urbanas. Carvey Ehren se inspiró en las auroras boreales para idear estos paneles, puesto que las partículas luminiscentes de la atmósfera degradan la energía alta –gamma, UV– para llevarla a un estado de baja energía -luz visible-.

En este concepto se basan estos paneles solares hechos con residuos agrícolas. Además, al capturar los rayos UV es capaz de crear electricidad sin necesidad de estar de cara al sol. Es decir, los edificios que se recubran con AuREUS serán gigantescos paneles solares verticales.

El proyecto AuREUS acaba de ser galardonado en The James Dyson Award. Se trata de un concurso de diseño internacional “que anima, impulsa e inspira a la siguiente generación de ingenieros de diseño. Está abierto a estudiantes de ingeniería de diseño, actuales y recientes, y lo coordina la Fundación James Dyson, organización benéfica de James Dyson, como parte de su misión: que los jóvenes se interesen por la ingeniería de diseño”.

En este caso, Carvey Ehren fue estudiante en la Universidad de Maputo –Mozambique–. Este primer premio conlleva una dotación económica de 35.000 euros. Además de esta categoría, hay varios premios nacionales –2.200 euros–, finalistas internacionales –5.500 euros– y un ganador internacional –35.000 euros + 5.500 euros para la Universidad–.

Es una competición, explican, que constituye “una oportunidad para que aquellos que desean ser inventores se hagan un nombre. Además de ganar un importante premio en efectivo, podrían generar tener una gran presencia mediática para poner en marcha su carrera profesional, ganarse la estima del sector y, quizás, lanzar su propio negocio”.

Su creador, James Dyson, afirma que «los jóvenes ingenieros de diseño tienen la capacidad de desarrollar tecnologías concretas que pueden cambiar vidas. El James Dyson Award premia a aquellos que demuestran perseverancia y determinación a la hora de desarrollar sus ideas».

Además del proyecto de los paneles solares que no necesitan sol y están hechos de residuos agrícolas, el ganador internacional ha sido The Blue Box, un dispositivo médico que permitirá realizar pruebas de cáncer de mama no invasivas, sin irradiación y de bajo coste en el propio hogar.

Los finalistas internacionales fueron The Tyre Collective, un sistema que captura el desgaste de los neumáticos en la rueda, “protegiéndonos del segundo contaminante microplástico más grande de nuestro medioambiente”. El último de los premiados ha sido Scoope: lentes que permiten hacer zoom sin pérdida de calidad de la imagen y costos menores para los teléfonos inteligentes.

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