Tecnología

Nuestro mensaje en los Voyager Golden Records sobrevivirá en el espacio al menos otros 5.000 millones de años más

En los años 70 del pasado siglo, los astrónomos y científicos dedicados al estudio del espacio estaban muy preocupados por cómo podría ser un encuentro con una civilización extraterrestre, qué pensarían de nosotros y cuál sería la mejor forma de aproximarnos a ellos.

Con eso en mente nació el proyecto de los Voyager Golden Records: unos discos de oro grabados con mensajes de la humanidad que se colocaron a bordo de las naves gemelas Voyager de la NASA, las cuales se lanzaron en 1977. El objetivo era mostrar a cualquier extraterrestre que pudiera interceptar las sondas cómo somos los humanos y cómo es nuestro planeta.

Llamaron a estos discos, hechos de cobre y con carcasa protectora de aluminio, ‘The Sounds of Earth’ -en español ‘Sonidos de la Tierra’-. Se trata de unos discos de gramófono y la NASA y un pequeño comité de científicos, presidido por el astrónomo Carl Sagan, fueron los encargados de elegir sus contenidos.

Concretamente, estos discos de 30 centímetros de diámetro contienen sonidos e imágenes que retratan la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra. Eso sí, la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra en 1977, que poco tiene que ver con nuestro planeta actual, por lo que hoy en día los Voyager Golden Records son casi más una cápsula del tiempo que una visión real de la humanidad.

Los primeros sonidos que escucharía un ser extraterrestre serían un saludo en inglés de la Secretaría General de la ONU y otros 56 saludos en diferentes idiomas. La mayoría de ellos son mensajes amistosos de paz. También hay sonidos de la Tierra -como el viento, la lluvia, el mar, animales o un beso de una madre a un niño-, música y una grabación de una hora de duración con las ondas cerebrales de Ann Druyan, esposa de Carl Sagan, así como cientos de imágenes de nuestro mundo y también del resto de planetas del Sistema Solar.

Aunque, claro, la vida extraterrestre inteligente que los encuentre deberá tener la capacidad de leer, entender y descifrar el disco para que el mensaje le llegue.

Las sondas gemelas Voyager 1 y Voyager 2 viajan ahora mismo por el espacio interestelar sin que sepamos mucho de ellas. De hecho, las últimas investigaciones científicas indican que en unos pocos años se quedarán en silencio por falta de energía, dejando de enviar esas señales esporádicas que de vez en cuando llegan a nuestro planeta -la última este mismo mes de febrero-. Pero eso no significa, ni mucho menos, el final de su viaje.

Nick Oberg, del Instituto Astronómico Kapteyn de Países Bajos, ha calculado el largo futuro de las Voyager gemelas y sus Golden Records, basándose en gran parte en los datos del telescopio espacial Gaia, de la Agencia Espacial Europea.

Los pronósticos finales del investigador se extendieron “más allá no solo de la probable extinción de la humanidad, sino también más allá de la colisión de la Vía Láctea con la vecina galaxia de Andrómeda, incluso más allá de la extinción de la mayoría de las estrellas”, explican en Space.com.

Dentro de 20.000 años, las Voyager pasarán a través de la nube de Oort, algo así como la puerta de salida de nuestro Sistema Solar: un “caparazón de cometas y escombros helados que orbita alrededor del Sol a una distancia de hasta 100.000 unidades astronómicas, o 100.000 veces la distancia promedio entre la Tierra y el Sol”, informan.

Y será en ese punto cuando “por primera vez, la nave comenzará a sentir la atracción gravitacional de otras estrellas con más fuerza que la de nuestro propio Sol”, dijo Oberg. Pero pasarán al menos otros 10.000 años antes de que la nave espacial ‘se acerque’ realmente a una estrella alienígena, específicamente a una estrella enana roja llamada Ross 248. Aunque parece ser que acercarse es mucho decir.

Seguirán vagando por el espacio interestelar y, dentro de 500 millones de años a partir de ahora, el Sistema Solar y las Voyager completarán una órbita completa a través de la Vía Láctea. No hay forma de predecir lo que habrá sucedido en la superficie de la Tierra para entonces.

A lo largo de esta órbita galáctica, la nave espacial Voyager 2 oscilará hacia arriba y hacia abajo, y la Voyager 1 lo hará “de manera más dramática que su gemela”. Esa diferencia en el movimiento vertical también dará forma a las diferentes probabilidades de supervivencia que tiene el disco de oro de cada nave espacial.

Los Golden Records fueron diseñados para durar, destinados a sobrevivir quizás mil millones de años en el espacio: debajo del brillo dorado hay una carcasa protectora de aluminio y, debajo, los propios discos de cobre grabados. Oberg advierte que las vastas nubes de polvo interestelar de la Vía Láctea son “uno de los pocos fenómenos que realmente podría dañar la nave espacial”.

No obstante, según Oberg, “es muy probable que ambos discos de oro sobrevivan al menos parcialmente intactos durante un lapso de más de 5.000 millones de años”.

Después, su futuro será difícil de predecir, porque sería ese el momento en el que la Vía Láctea choque con su vecina, la galaxia de Andrómeda, y las Voyager se verían envueltas en esa “catastrófica fusión”. Entonces, su destino dependerá de las condiciones de la fusión, aunque el investigador cree que podrían soportar muchos años más.

Oberg calculó que en ese gran período de tiempo es probable que cada sonda visite una estrella, desde una distancia 150 veces mayor que la existente entre la Tierra y el Sol. No obstante, es casi imposible saber de cuál se trataría.

Como las sondas son muy pequeñas comparadas con la inmensidad del espacio interestelar, la probabilidad de que una civilización extraterrestre se encontrase con ellas es también muy pequeña.

Carl Sagan dijo que “la nave espacial, y el registro, solo serán encontradas si existen otras civilizaciones capaces de viajar en el espacio interestelar. Pero el lanzamiento de esta botella dentro del océano cósmico dice algo muy esperanzador sobre la vida en este planeta”. El famoso astrónomo tenía fe en los humanos.

En su inicio del viaje, ambas naves espaciales visitaron Júpiter y Saturno y luego se separaron: la Voyager 1 estudió la luna de Saturno, Titán, mientras que la Voyager 2 pasó junto a Urano y Neptuno. Después siguieron su camino, ofreciendo imágenes tan importantes como esta:

En 2012, la Voyager 1 entró en el espacio interestelar y la Voyager 2 lo hizo unos años después, en 2018. Ahora, las dos naves espaciales están atravesando los vastos confines del Sistema Solar y de vez en cuando contándonos a nosotros, los terrícolas, cómo son esas aventuras.

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